En enero de 1982, comenzó a circular El Porteño fundada por Miguel Briante, Jorge Di Paola y Gabriel Levinas y dirigida por este último. En su editorial inaugural, Levinas advertía que “la aparición de una nueva revista en las circunstancias actuales puede parecer insensata. […] Parece alocado, hoy en día, tener un proyecto y correr un riesgo, tanto personal como colectivo”, situando la apuesta periodística en una Argentina de “pocas certidumbres” y de tensa expectativa, por lo que, mientras las elecciones permanecían “suspendidas hasta nuevo aviso”, la revista se inclinaba a considerar elementos que permitieran perfilar el futuro. En su texto, Levinas anticipaba la identidad del proyecto: El Porteño “quiere hacer otra cosa que la que hace Minguito y su barra de café y no le gusta quedar amurado. (…) Para aclarar al lector: para nosotros son tan porteños Rivero como Spinetta, el polaco Goyeneche como Borges”.
Hacía menos de un mes, Leopoldo Fortunato Galtieri había asumido la presidencia de facto; la economía mostraba un proceso inflacionario junto al crecimiento de la deuda externa, los despidos masivos y una desindustrialización generalizada producto de la apertura de las importaciones. El poder militar comenzaba a mostrar signos de resquebrajamiento; los Organismos de Derechos Humanos Nacionales e Internacionales continuaban presionando y los partidos políticos buscaban volver a la actividad; el 2 de abril de 1982, comenzó la “Guerra de Malvinas”.
En este contexto, apareció El Porteño, una revista mensual de dimensiones poco habituales (26 x 36 cm). No obstante, la apuesta por el gran formato duró apenas un año: en la contratapa de su número 12 se anunciaba el fin de un ciclo gráfico y el cambio de tamaño a una medida standard. En la carta editorial de diciembre de 1982, Miguel Briante afirmaba que El Porteño había llegado para cubrir un agujero que existía en el periodismo argentino y que “valía la pena, entonces, hacer esa prueba: encarar profesionalmente una revista de cultura que superara los límites convencionales de librerías y cenáculos”.
El Porteño fue una revista contracultural y contestataria; para muchos lectores fue un faro que empezaba a iluminar la oscuridad de la dictadura. Las denominaciones de Beatriz Sarlo (1992) para la experiencia de las revistas argentinas permiten pensar a El Porteño como un “laboratorio de ideas” y un “banco de pruebas” en los que se discutió el presente y se diseñaron estrategias de comunicación periodística. Cuando se volvía a reflexionar sobre el rol de los intelectuales y la función del periodismo, la revista ofreció una plataforma para la circulación de discursos que difícilmente encontraban lugar en otros medios. Por lo tanto, entre 1982 y 1993, la revista fue una de las experiencias periodísticas más innovadoras de la transición entre la dictadura y la democracia.
Su trayectoria puede dividirse en dos grandes etapas: la comprendida entre enero de 1982 y octubre de 1985 (nº 1-46), dirigida por Gabriel Levinas, en la que se definieron sus principales rasgos, como la combinación de crónicas, reportajes extensos, fotografías, crítica cultural y apertura a expresiones artísticas y sociales desplazadas de los circuitos dominantes; y la que se inició en noviembre de 1985, cuando se editó por la Cooperativa de Periodistas Independientes e incorporó a figuras como Tomás Eloy Martínez, Ricardo Piglia, Carlos Ulanovsky, Eva Giberti, Osvaldo Bayer, Eduardo Aliverti, entre otros. La jefatura de redacción estuvo a cargo de Jorge Lanata hasta el número 63, cuando abandonó la revista para fundar Página/12 (1987). La experiencia cooperativa acentuó el peso de la actualidad política y de la investigación periodística; su apuesta por ensanchar los límites de lo publicable la convirtió en una zona de contacto entre nuevas sensibilidades políticas y culturales durante los años ochenta.
Frente a un campo periodístico atravesado por inercias autoritarias, El Porteño iluminó zonas de la cultura que permanecían fuera de foco: las sexualidades disidentes, los presos, los locos, el under y las experiencias contraculturales, los perseguidos y estigmatizados, como afirmaba Liveintas en su balance de los primeros tres años. Esa toma de partido definió el destino de disputas internas y configuró uno de los rasgos distintivos de la publicación y de su suplemento Cerdos&Peces, donde la exploración de los límites morales, culturales y políticos de la democracia adquirió su forma más radical.
El Porteño
Director: Gabriel Levinas (n.º 1-46)
Jefes de redacción: Miguel Briante (n.º 1-24); Ernesto Tiffenberg (n.º 34-54); Jorge Lanata (n.º 47-63)
Lugar de edición: Ciudad de Buenos Aires
Fechas de publicación: enero de 1982-febrero de 1993
Suplemento Cerdos&Peces
Director: Gabriel Levinas (n.º 1-7 [bis])
Jefe de redacción: Enrique Symns (n.º 1-7 [bis])
Fechas de publicación: agosto de 1983-marzo de 1984 (n.º 1- 7 [bis]); marzo de 1985-agosto de 1985 (n.º 12; n.º 14-18)
Agradecemos a quienes nos donaron ejemplares, facilitaron números y digitalizaciones para completar la colección: Willy Dussel e Hilda Lanza, Guillermo Piro, Olga Viglieca, Martí Greco y el Instituto Gino Germani.
La digitalización de El Porteño se realizó en el marco del Proyecto Mecenazgo/Fundación Banco Galicia







